Fuerte, profunda y ligeramente adictiva.
Una salsa que transforma lo simple en memorable.
Salsa Macha
Ingredientes
12–15 chiles morita
1 taza de cacahuate natural, sin sal
¾ taza de ajonjolí
3–4 dientes de ajo
1 taza de aceite de oliva extra virgen
Sal de mar al gusto (aprox. 1 cucharadita)
Nota: No mido nada de forma exacta. Busco que las proporciones se sientan parejas:
que no pique de más, que se perciban el cacahuate y el ajonjolí,
y que el aceite cubra bien toda la mezcla.
Preparación
En un sartén a fuego medio-bajo, tuesta en seco y por separado los chiles, el ajo, el cacahuate y el ajonjolí, solo hasta que suelten su aroma.
Licúa cada ingrediente por separado, hasta obtener una textura gruesa.
Mezcla todo en un bowl grande con la sal.
Agrega poco a poco el aceite de oliva, hasta lograr una textura oscura, brillante y untuosa, completamente cubierta.
Guarda en un frasco hermético.
Cómo ajusto las proporciones (mi lógica real)
Si pica mucho → agrego más cacahuate.
Si está muy densa → agrego más aceite.
Si está plana → más ajonjolí y sal.
Siempre busco equilibrio, no intensidad extrema.
Notas de Alma
Prefiero tostar en seco para conservar el sabor real de los ingredientes y las propiedades del aceite de oliva.
Esta versión es más suave y más aromática que una salsa macha tradicional.
Cómo la uso
Huevos, aguacate, tacos, verduras, arroz blanco…
o directo con cuchara (sin juicio).